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Transformación digital: la revolución industrial de la banca

Transformación digital: la revolución industrial de la banca

Nuestros hijos, nuestros nietos, esos que son y serán nativos digitales, estudiarán en sus colegios e institutos que el mundo cambio en 2008.

Además de ser el punto de partida de una crisis económica global, aquel septiembre, aquella caída de Lehman Brothers, rompió en unos cuantos pedazos, y con un impacto también global, un sector crítico para la economía: los bancos.

Una década después contemplamos una industria financiera presionada por todos los flancos en los que actúan y se mueven sus stakeholders:

  • Regulación y más que ésta en camino: presión regulatoria en la gestión del balance.
  • Accionistas que demandan una mayor rentabilidad para su equity, hasta ahora difícil de satisfacer en este inusitado escenario de tipos de interés cero o negativos.
  • Nuevos y retadores players que podemos agrupar en torno al termino Fintech, mucho más apropiado que aquel otro: Shadow Banking, y que, creo ya nadie duda, han venido para quedarse.
  • Capacidades instaladas y plantillas aun sobredimensionadas, a las que adicionalmente y a partir de MIFID II, se les impone una necesidad de acreditación o cualificación.
  • Clientes generacionalmente heterogéneos, pero formados, con autentico poder de negociación, y por encima de todo; mucho más exigentes, no solo en condiciones financieras; también en aspectos cualitativos, esos que forman parte de la “experiencia cliente” o que afectan a sus intangibles: RSC, inversiones socialmente responsables, banca ética, …

Ante este panorama tan complejo, la banca afronta la transformación digital como la vía principal para abordar una profunda transformación de su modelo de negocio y al mismo tiempo, la más que necesaria revolución en sus procesos y canales de interacción con clientes.

Esta afirmación, además de ser una firme convicción personal, no deja de ser una visión descriptiva de la situación global de la industria financiera, a la que podría llegar cualquier observador que siga mínimamente la actualidad de la economía financiera.

Pero, además, la podemos contrastar en un valioso informe sectorial que han publicado en 2017 Funcas y KPMG sobre el nivel de madurez digital del sector financiero en España enmarcado en una no menos valiosa iniciativa denominada: “Observatorio Digital Financiero”.

De sus interesantes resultados y centrándonos en el mercado español, en el que han entrevistado a 16 entidades financieras, quiero destacar y comentar las siguientes cuestiones:

En primer lugar, el concepto.

El informe nos proporciona una aproximación conceptual al termino transformación digital toda qué vez que (cito textualmente) “El marco teórico sobre el que se ha articulado el informe se base en tres dimensiones que representan los pilares fundamentales de un proceso de transformación digital: organización y soluciones, experiencia del cliente y soluciones tecnológicas.” No solo me parece muy adecuada la delimitación que hacen sus redactores; más importante aún, el hecho de que tengamos por fin un “concepto marco” que naturalmente puede ser opinable y discutible, pero que es un magnifico punto de partida para un denominador común del sector y su seguimiento homogéneo.

En segundo término; el escenario.

Los bancos españoles son plenamente conscientes de lo que supone la transformación digital en sus modelos de negocio y en consecuencia han incorporado este objetivo a sus agendas estratégicas, aunque en el inicio, en el origen, no hay, en líneas generales, una actitud proactiva sino más bien una reacción ante una exigencia del mercado. Dicho en otras palabras, en términos mucho más coloquiales, “han hecho de la necesidad, virtud”.

Finalmente; la puesta en marcha.

La velocidad o el tiempo de reacción que los diferentes bancos implicados han mostrado ante esta necesidad de acometer una transformación digital. Y los datos del estudio muestran que es muy asimétrica; lo que los lleva a su vez a presentar unos estados del arte o “niveles de madurez digital” (así lo denomina textualmente el informe) muy diferentes, con un 25 % del sector aun en la fase inicial, en los “basics”.

Sabemos, o al menos algunos nos creemos, que la revolución industrial, aquella que comenzó a finales del siglo XVIII, tuvo su origen en dos grandes disrupciones, la cultural y la tecnológica.

Aquellas máquinas de vapor que revolucionaron la industria, que cambiaron todo un modelo productivo, enseñaron a los empresarios de entonces que quien no interiorizara ese cambio, quien no estuviera dispuesto a asumirlo, aprendiendo a hacer lo que ya hacía, pero de forma diferente, con nuevos materiales, con nuevas inversiones en “tecnología”, era expulsado del mercado.

Hoy, salvando la distancia de 3 siglos, la industria financiera se enfrenta a un escenario de bases muy similares y donde además la propia velocidad implícita en el proceso de transformación digital multiplica las posibilidades de quedarse atrás, de quedarse fuera del mercado.

La revolución industrial de la industria financiera ha empezado, empezó hace tiempo, con disrupciones tecnológicas, con compañías Fintech, pero lo más relevante, es que los que todavía hoy son sus principales productores, los bancos, la han asumido, y le han puesto nombre: transformación digital.

 

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